Cinco coma cuatro kilómetros por hora no impresiona a nadie: es el paso de una persona caminando tranquila. Pero la velocidad de un animal se vuelve comprensible cuando se mide en longitudes de su propio cuerpo por segundo, y ahí la cucaracha americana entra en un territorio que ningún vertebrado alcanza.
La medición de Berkeley
En un experimento realizado en la Universidad de California en Berkeley en 1991 se registró a una Periplaneta americana desplazándose a 5.4 km/h, equivalentes a unas 50 longitudes corporales por segundo. Durante años esa marca figuró como referencia del insecto terrestre más rápido, antes de que las mediciones en escarabajos tigre reordenaran la tabla.
Guinness World Records recoge esa cifra al documentar la historia del récord de velocidad en insectos terrestres. Llevada a escala humana de forma ilustrativa, correspondería a una persona corriendo a más de 300 km/h.
Correr sobre dos patas sin ser bípeda
Lo que hace posible esa velocidad es un cambio de marcha. A baja velocidad, la cucaracha usa una marcha trípode alterna: tres patas en el suelo, tres en el aire. Al acelerar, estudios de biomecánica en Berkeley documentaron que levanta el cuerpo y llega a correr apoyada únicamente en las dos patas traseras, adoptando una postura parcialmente bípeda que reduce el contacto con el suelo.
Reflejos que no pasan por el cerebro
La velocidad de reacción es tan notable como la de desplazamiento. En la parte posterior del abdomen, la cucaracha tiene un par de apéndices llamados cercos, cubiertos de pelos sensibles a variaciones mínimas de corriente de aire. Esa información viaja a neuronas gigantes del cordón nervioso ventral y desencadena la huida.
El tiempo entre la detección de una ráfaga de aire —la que genera, por ejemplo, un zapato que baja— y el inicio del giro de escape se ha medido en el orden de unas pocas decenas de milisegundos. Es un arco reflejo local: el cerebro no participa en la decisión inicial.
Por qué corre en zigzag
La trayectoria errática no es nerviosismo, es estrategia antidepredador. Los patrones de giro impredecibles dificultan que un depredador —o una persona— anticipe la posición futura del insecto. Las mediciones de escape muestran que la cucaracha selecciona su dirección de huida en relación con el origen de la perturbación, no al azar puro.
El límite: velocidad contra estabilidad
Correr rápido sobre seis patas implica un problema de estabilidad que la evolución resolvió con anatomía en vez de con cálculo. Las patas actúan como resortes que absorben irregularidades del terreno de forma mecánica, sin requerir corrección nerviosa. Este principio, conocido en biomecánica como estabilidad pasiva, es hoy uno de los aportes más citados de la investigación sobre cucarachas a la robótica con patas.
¿Tienes cucarachas en casa?
La biología es fascinante; tenerlas en tu cocina no. Si estás en Guadalajara o la ZMG, resolvemos tu caso con un protocolo claro.