Se enchufan a la pared, emiten un sonido que no oímos y prometen que las plagas se irán en semanas. Son uno de los productos más vendidos de su categoría y también uno de los peor respaldados por la evidencia científica disponible.

Qué prometen y qué hacen

La premisa comercial es que el ultrasonido genera un ambiente insoportable para insectos y roedores, provocando que abandonen el lugar. El atractivo es evidente: sin químicos, sin trampas, sin esfuerzo, enchufar y olvidarse.

El problema es que las cucarachas no perciben el sonido de la manera que el producto asume, y que los estudios que han evaluado estos dispositivos no han encontrado el efecto prometido.

Los estudios universitarios

Un estudio de la Universidad Estatal de Kansas realizado en 2002 evaluó dispositivos ultrasónicos frente a varias plagas domésticas. Encontró cierto efecto sobre grillos, pero prácticamente ninguno sobre cucarachas. Trabajos de la Universidad de Cornell y otras instituciones han llegado a conclusiones similares.

Revisiones posteriores sobre dispositivos ultrasónicos frente a diversas plagas, incluyendo un estudio sobre garrapatas publicado en la literatura revisada por pares, tampoco han encontrado eficacia significativa.

La intervención de la FTC

El escrutinio no es solo académico. En 2001, la Comisión Federal de Comercio de Estados Unidos envió cartas de advertencia a más de sesenta fabricantes y comercializadores de dispositivos ultrasónicos, señalando que las afirmaciones de eficacia deben respaldarse con evidencia científica competente y fiable, y advirtiendo del riesgo de infringir la ley de comercio.

La FTC ha actuado en distintas ocasiones contra empresas de este sector por afirmaciones publicitarias no sustentadas.

Por qué no funciona, en términos biológicos

Las cucarachas detectan vibraciones del sustrato y corrientes de aire con gran sensibilidad, pero no tienen un órgano auditivo timpánico como el de grillos o polillas. Su sistema sensorial está optimizado para el tacto, la química y el movimiento del aire.

Además, el ultrasonido se atenúa rápidamente con la distancia y no atraviesa paredes ni muebles. Un dispositivo enchufado en un pasillo no alcanza el interior de una alacena ni el hueco detrás del refrigerador, que es precisamente donde vive la población.

El efecto de habituación

Incluso suponiendo alguna respuesta inicial, la literatura sobre repelentes sensoriales documenta habituación: un estímulo constante e inocuo deja de generar respuesta. Un animal que recibe una señal molesta pero sin consecuencias, mientras el refugio y el alimento siguen ahí, acaba ignorándola.

Por qué la gente cree que funcionan

Varios factores explican las reseñas positivas. El sesgo de confirmación tras una compra, la variación natural de las poblaciones de insectos según la estación, la coincidencia con otras medidas adoptadas al mismo tiempo —limpieza, sellado, cebos— y el simple hecho de que las cucarachas se muevan a otra habitación y parezcan haber desaparecido.

Las medidas con respaldo son considerablemente menos glamorosas: identificar la especie, localizar el foco, eliminar humedad y alimento accesible, sellar accesos, y usar cebos en gel colocados en las grietas correctas. Las guías de manejo integrado de plagas de universidades y agencias ambientales coinciden en ese enfoque, y ninguna incluye dispositivos ultrasónicos entre las herramientas recomendadas.

DE LA CIENCIA A TU DEPA

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Fuentes de este artículo

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