A finales de los años ochenta, los cebos en gel con azúcar eran la gran novedad del control de cucarachas. Funcionaban espectacularmente bien, hasta que dejaron de hacerlo en ciertos lugares sin explicación aparente. La respuesta tardó dos décadas en llegar y resultó ser una de las demostraciones más claras de evolución conductual bajo presión humana.

El problema de campo

El entomólogo Jules Silverman documentó a finales de los ochenta poblaciones de cucaracha alemana que rechazaban activamente cebos que contenían glucosa. No se trataba de que sobrevivieran al tóxico: es que no probaban el cebo. Un insecto omnívoro y oportunista estaba evitando una fuente de azúcar, algo que contradice la intuición básica sobre su comportamiento alimentario.

El experimento que lo explicó

En 2013, un equipo de la Universidad Estatal de Carolina del Norte formado por Ayako Wada-Katsumata, Jules Silverman y Coby Schal publicó en Science el mecanismo neurofisiológico. Registraron la actividad eléctrica de las neuronas gustativas de las cucarachas mientras les presentaban distintos azúcares.

En las cucarachas normales, la glucosa activaba únicamente las neuronas receptoras de azúcares, generando una respuesta de atracción. En las cucarachas aversas, la glucosa activaba además las neuronas receptoras de compuestos amargos. El insecto percibía el azúcar simultáneamente como alimento y como sustancia repulsiva, y la señal de rechazo dominaba.

Resistencia sin bioquímica

Lo notable del caso es que se trata de resistencia conductual pura. No hay enzimas que degraden el insecticida ni mutaciones en su diana. El insecto evita la exposición. Para un programa de control basado en cebos, ese mecanismo es tan devastador como cualquier resistencia metabólica, y mucho más difícil de detectar con las pruebas de laboratorio convencionales.

Un rasgo que se propaga rápido

Investigaciones posteriores mostraron que la aversión a la glucosa se hereda como un rasgo autosómico parcialmente dominante y que, bajo presión de selección con cebos que contienen glucosa, los individuos aversos desplazan a los de tipo silvestre. El rasgo se ha detectado desde entonces en poblaciones de distintos continentes.

El costo oculto de ser averso

Trabajos del mismo grupo han explorado las desventajas del rasgo. Se ha documentado que la aversión interfiere con el cortejo, porque durante el apareamiento el macho ofrece a la hembra una secreción nupcial que contiene azúcares; una hembra aversa puede interrumpir la cópula al percibirla como amarga. También se han descrito diferencias en desarrollo y en preferencias alimentarias. Es decir, el rasgo conlleva costos, lo que explica que no se fije universalmente.

Consecuencias para la formulación de cebos

La industria respondió reformulando matrices alimentarias con azúcares distintos de la glucosa y con atrayentes no azucarados. Un estudio de 2023 en el Journal of Economic Entomology analizó además cómo los cebos con glucosa y disacáridos afectan la mortalidad secundaria —la transferencia del tóxico entre individuos— en poblaciones aversas, un factor clave para la eficacia real en campo.

El caso de la aversión a la glucosa es probablemente el mejor argumento para la rotación y la diversificación de métodos. Cualquier presión de selección constante, por sofisticada que sea, acaba seleccionando algo. Y la evolución no siempre responde por donde uno vigila.

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