Poner sesenta cucarachas y tres refugios idénticos en una arena experimental parece el preludio de un caos. Lo que ocurre es lo contrario: el grupo se reparte de manera sorprendentemente ordenada, siguiendo reglas que ningún individuo conoce ni ejecuta deliberadamente.
El experimento base
El diseño clásico consiste en una arena circular con varios refugios oscuros de capacidad conocida. Las cucarachas, que son fotófobas y gregarias, exploran y acaban distribuyéndose. Cuando la capacidad de los refugios permite que todas quepan en uno solo, el grupo tiende a concentrarse en uno; cuando no, se reparte de manera relativamente equilibrada.
La regla local que lo explica
Investigadores de la Universidad Libre de Bruselas modelaron el fenómeno y encontraron que basta una regla individual muy simple: la probabilidad de que una cucaracha abandone un refugio disminuye conforme aumenta el número de congéneres presentes. No hace falta que ningún individuo cuente, compare ni decida por el grupo.
De esa regla local, aplicada simultáneamente por todos, emerge un patrón colectivo coherente. Es el mismo principio de amplificación por retroalimentación positiva que explica la formación de senderos en hormigas.
Feromonas de agregación
El sustrato químico de esa retroalimentación son las feromonas de agregación presentes en las heces de las cucarachas. Un refugio con excrementos acumulados resulta más atractivo, lo que refuerza la ocupación. Investigaciones sobre la identidad química de esas señales han identificado compuestos producidos por bacterias del intestino del insecto, lo que añade una capa interesante: parte de la señal social está mediada por su microbiota.
El experimento de los robots infiltrados
El caso más citado llegó en 2007, cuando José Halloy y un consorcio europeo publicaron en Science un trabajo en el que introdujeron microrrobots en grupos de cucarachas. Los robots no se parecían a cucarachas, pero estaban impregnados con el perfil químico de la colonia, y fueron aceptados como congéneres.
Programados con reglas ligeramente distintas de las del insecto, los robots lograron desviar la decisión colectiva del grupo hacia un refugio que las cucarachas normalmente habrían descartado. Fue una demostración de que entender la regla local permite dirigir el resultado global.
Personalidad dentro del grupo
Estudios posteriores del mismo entorno académico añadieron matices: los individuos no son intercambiables. Existen diferencias consistentes de audacia entre ellos, y esa heterogeneidad afecta la velocidad y la calidad de la decisión colectiva. Grupos con más exploradores encuentran refugios antes; grupos más homogéneos convergen distinto.
Qué se hace con este conocimiento
En ingeniería, estos modelos alimentan el diseño de enjambres de robots que deben coordinarse sin comunicación central. En control de plagas, la comprensión de las feromonas de agregación es relevante para entender por qué las cucarachas se concentran en ciertos puntos y por qué limpiar acumulaciones de excrementos tiene efecto sobre el atractivo de un refugio.
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Fuentes de este artículo
- Science — Social integration of robots into groups of cockroaches (Halloy et al., 2007) ↗
- Proceedings of the Royal Society B — Collective decision-making and personality in cockroaches ↗
- Université Libre de Bruxelles — Unit of Social Ecology ↗