Pocos animales cargan tanto significado cultural con tan poca biología de por medio. La cucaracha ha servido para hablar de alienación, de supervivencia, de exterminio y de ternura, muchas veces en obras cuyos autores jamás mencionaron a una cucaracha.

El insecto que Kafka no nombró

La metamorfosis, publicada en 1915, empieza con Gregor Samsa convertido en un "ungeheueres Ungeziefer", expresión alemana que se traduce aproximadamente como "alimaña monstruosa" o "bicho repugnante". Kafka nunca especificó la especie.

Es más: en una carta a su editor, Kafka pidió expresamente que el insecto no fuera dibujado en la portada. La indefinición era deliberada, y la conversión del bicho en cucaracha es un añadido de traductores, ilustradores y lectores. Vladimir Nabokov, que dio clases sobre el texto, sostuvo que la descripción correspondía más bien a un escarabajo.

Joe, la cucaracha poeta

En 1916, el columnista estadounidense Don Marquis creó a archy, una cucaracha que escribía poemas de noche en la máquina de escribir de la redacción saltando sobre las teclas. Como no podía pulsar la tecla de mayúsculas al mismo tiempo que una letra, todos sus textos aparecían en minúsculas.

Las columnas de archy y su amiga la gata mehitabel se publicaron durante años y siguen reeditándose. Es probablemente el retrato literario más entrañable jamás hecho de una cucaracha.

El insecto del apocalipsis

A partir de la Guerra Fría, la cucaracha adquirió un papel simbólico nuevo: el superviviente del fin del mundo. La idea de que "solo quedarán las cucarachas" se convirtió en lugar común de la ficción nuclear, del cine de catástrofes y del humor negro, con una base científica mucho más frágil de lo que el tópico sugiere.

Hal, el amigo de WALL-E

En 2008, Pixar hizo algo notable: convirtió a una cucaracha en un personaje entrañable. Hal, la mascota del robot protagonista de WALL-E, es superviviente de la catástrofe ecológica y, al mismo tiempo, una figura de afecto. La elección fue consciente: la película necesitaba mostrar que la vida había persistido, y el insecto que la cultura asociaba al desastre funcionaba a la perfección.

El uso más oscuro

Hay un capítulo que conviene no omitir. La comparación de grupos humanos con cucarachas ha sido un recurso recurrente de la propaganda deshumanizadora, de forma documentada y especialmente grave en el genocidio de Ruanda en 1994, donde la radio RTLM usó sistemáticamente el término inyenzi, cucaracha, para referirse a la población tutsi.

Los estudios sobre incitación al genocidio citan ese caso como ejemplo canónico del papel del lenguaje deshumanizador. Es la razón por la que este tipo de metáfora se analiza hoy con seriedad en derecho internacional y en investigación sobre discursos de odio.

La cucaracha en México

En el imaginario mexicano, el insecto ocupa un lugar más ambiguo y a menudo humorístico, encarnado en el corrido de La Cucaracha y en una larga tradición de albures y refranes. La figura del que sobrevive pese a todo tiene aquí una carga más cercana a la picardía que al horror.

La investigación en psicología del asco ha estudiado por qué ciertos animales disparan una repulsión desproporcionada a su peligro real. Los factores propuestos incluyen el movimiento errático y rápido, la asociación con putrefacción y contaminación, el carácter impredecible y la aparición súbita en espacios que consideramos seguros. La cucaracha los reúne todos, lo que explica en parte su eficacia como símbolo.

DE LA CIENCIA A TU DEPA

¿Tienes cucarachas en casa?

La biología es fascinante; tenerlas en tu cocina no. Si estás en Guadalajara o la ZMG, resolvemos tu caso con un protocolo claro.

Fuentes de este artículo

Cómo elaboramos y actualizamos el contenido ↗