En octubre de 2007, científicos en la ciudad rusa de Vorónezh anunciaron un nacimiento que dio la vuelta al mundo: 33 cucarachas cuyos embriones se habían concebido fuera de la Tierra. La madre se llamaba Nadezhda, que en ruso significa esperanza.

El vuelo del Foton-M

Nadezhda viajó a bordo del satélite biológico ruso Foton-M, en una misión que se desarrolló entre el 14 y el 26 de septiembre de 2007. La cápsula transportaba diversos experimentos biológicos y, entre ellos, un contenedor con cucarachas destinado a estudiar la reproducción en condiciones de microgravedad.

La concepción ocurrió durante el vuelo. Las crías nacieron ya en tierra, y su anuncio en octubre de 2007 convirtió a Nadezhda en una celebridad improbable.

Qué observaron en las crías

Los investigadores reportaron que las crías comían y se desarrollaban normalmente, pero notaron una diferencia: el oscurecimiento de su cutícula ocurrió antes de lo habitual, y se describieron como más resistentes en algunas pruebas que los grupos control. Los resultados fueron preliminares y de muestra pequeña, por lo que conviene tratarlos como observaciones más que como conclusiones firmes.

La precisión sobre "los primeros seres concebidos en el espacio"

El titular que circuló entonces fue que se trataba de los primeros organismos concebidos en el espacio. El matiz importa: peces de la especie medaka japonesa se aparearon y produjeron descendencia viable en microgravedad durante la misión IML-2 del transbordador Columbia en 1994. La contribución de Nadezhda fue notable, pero no la primera concepción orbital documentada.

Por qué mandar cucarachas al espacio

Las razones son prácticas. Son baratas, resistentes, pequeñas, su ciclo reproductivo es conocido en detalle y toleran variaciones de temperatura, vibración y aceleración que matarían a organismos más delicados. Para estudiar efectos de la microgravedad en el desarrollo embrionario, son un modelo económico y robusto.

Otros insectos con historial orbital

Las cucarachas no están solas. Moscas de la fruta volaron en cohetes V-2 estadounidenses en 1947, siendo de los primeros animales enviados al espacio. Arañas, hormigas, abejas, mariposas monarca y gusanos de seda han participado en experimentos orbitales, muchos de ellos dentro de programas educativos de la NASA con participación estudiantil.

Los experimentos con hormigas en la Estación Espacial Internacional, por ejemplo, estudiaron algoritmos de búsqueda colectiva en microgravedad, con resultados publicados en revistas revisadas por pares.

El legado de una cucaracha

Más allá del dato curioso, la historia de Nadezhda ilustra un tipo de investigación que suele pasar inadvertida: el estudio de cómo la ausencia de gravedad afecta procesos biológicos fundamentales, desde el desarrollo embrionario hasta la formación de tejidos. Esa línea es directamente relevante para cualquier plan de permanencia humana prolongada fuera de la Tierra.

DE LA CIENCIA A TU DEPA

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Fuentes de este artículo

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