Cuando pensamos en polinizadores vienen a la mente abejas, mariposas, colibríes y murciélagos. Las cucarachas no aparecen en ninguna lista escolar. Sin embargo, desde finales de los años noventa se acumulan estudios de campo que muestran cucarachas polinizando plantas concretas, y algunas en las que son el polinizador principal. Es un campo pequeño, con pocos casos bien documentados, y justamente por eso conviene contarlo con precisión.

El primer caso publicado: Uvaria elmeri en Borneo

En 1997, Teruyoshi Nagamitsu y Tamiji Inoue publicaron en el American Journal of Botany un estudio sobre Uvaria elmeri, una planta trepadora leñosa de la familia de las anonas, en un bosque tropical de tierras bajas de Sarawak, Malasia. Los autores señalaron que, hasta donde sabían, era el primer reporte de polinización por cucarachas.

Las flores de esta planta brotan directamente del tronco en el sotobosque, duran unas 50 horas y desprenden un olor parecido a madera en descomposición o a hongo, más intenso en la fase masculina. Los polinizadores principales fueron cucarachas de la familia Blattellidae, que visitaban las flores de noche, en ambas fases, alimentándose del exudado del estigma y del polen. Las moscas drosofílidas fueron polinizadores secundarios, activos sobre todo de día.

Una planta que depende de sus visitantes

El estudio encontró que la planta no se autopoliniza ni es autocompatible: necesita polen de otro individuo. En condiciones naturales, solo el 2% de las flores produjo fruto, frente al 30% cuando los investigadores polinizaron a mano con polen cruzado. Es decir, la producción de fruto estaba limitada por la falta de polen, y los visitantes nocturnos, las cucarachas entre ellos, eran el cuello de botella.

El olor a madera podrida tiene sentido en ese contexto: atrae a insectos que se alimentan de materia orgánica en descomposición, como muchas cucarachas de bosque.

Japón: plantas sin clorofila y cucarachas nocturnas

La línea de investigación más activa hoy la encabeza Kenji Suetsugu, de la Universidad de Kobe. En un trabajo publicado en Plant Biology y difundido por su universidad en enero de 2019, estudió a Mitrastemon yamamotoi, una planta parásita sin fotosíntesis, en la isla de Yakushima y en la prefectura de Kochi. Con observaciones diurnas y nocturnas entre 2008 y 2011, identificó como polinizadores a avispas sociales, incluido el avispón gigante, a grillos de las cavernas y a la cucaracha Opisthoplatia orientalis.

El estudio concluyó que las avispas diurnas favorecen el cruce entre plantas distintas, mientras que los visitantes nocturnos, grillos y cucarachas, contribuyen a la polinización entre flores de la misma planta. Suetsugu expresó en el comunicado su deseo de llamar la atención sobre el papel ecológico de animales que la gente suele detestar.

La prueba directa: una sola visita basta

Una crítica razonable a muchos reportes de polinización por cucarachas es que ver a un insecto sobre una flor no demuestra que la polinice. En 2025, Suetsugu publicó en Plant Biology un estudio sobre Balanophora tobiracola, otra planta sin fotosíntesis de Yakushima, diseñado para medir el éxito reproductivo resultante exclusivamente de visitas de cucarachas y hormigas.

Encontró que la planta puede producir semillas sin fecundación, un mecanismo llamado agamospermia, pero que depende en gran medida de sus visitantes para la reproducción sexual. Hormigas y cucarachas resultaron polinizadores efectivos, y una sola visita de ciertas especies de cucaracha aumentó significativamente la polinización. El autor sugiere que polinizadores inusuales tienen ventaja en sotobosques densos y oscuros, donde las abejas escasean.

También siembran semillas

La relación no termina en la flor. En 2017, Yasuhiro Uehara y Naoto Sugiura publicaron en el Botanical Journal of the Linnean Society que la cucaracha de bosque japonesa Blattella nipponica, pariente silvestre de la alemana, come los frutos carnosos de Monotropastrum humile, una hierba del suelo del bosque, y dispersa sus diminutas semillas en sus excrementos. Según el comunicado difundido por EurekAlert, cada excremento contenía en promedio 3.1 semillas, y la viabilidad de las semillas digeridas fue de 52%, comparable al 49.3% de las no digeridas.

Los autores sugirieron que este tipo de dispersión podría estar más extendida de lo que se ha documentado, simplemente porque casi nadie la ha buscado.

Lo que cambia y lo que no

Estos estudios no convierten a las cucarachas en las abejas del futuro: son pocos casos, casi todos en plantas de sotobosque oscuro, sin clorofila o con flores de olor a descomposición. Lo que sí muestran es que las cucarachas silvestres cumplen funciones ecológicas medibles, lejos de cualquier cocina. Y en el jardín o la terraza de un departamento, una cucaracha sobre una flor casi nunca es una especie doméstica en expansión: conviene identificarla antes de fumigar lo que no hace falta.

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Fuentes de este artículo

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