La cucaracha silbadora de Madagascar es probablemente la cucaracha más fotografiada del mundo y también una de las mejor estudiadas fuera de las especies plaga. Su rasgo famoso, el silbido, no es un truco de feria: es un sistema de comunicación con varios tipos de señal, un mecanismo anatómico poco común entre los insectos y un campo de investigación que va desde la genética del tamaño corporal hasta la pregunta de si un insecto puede distinguir a una persona de otra.

Un insecto que "habla" con el sistema respiratorio

La mayoría de los insectos que producen sonido lo hacen por estridulación: frotan una estructura dura contra otra, como el grillo con sus alas. Gromphadorhina portentosa hace algo distinto. En 1979 y 1980, Margaret C. Nelson, primero sola y después junto con Jean Fraser, publicó trabajos que describieron el aparato sonoro de la especie: el silbido sale de un par de espiráculos abdominales modificados, las aberturas por las que el insecto respira, cuando el animal expulsa aire con fuerza a través de ellos.

En su trabajo de 1979 en el Journal of Comparative Physiology, Nelson documentó además que la tráquea que conduce al espiráculo sonoro tiene una forma particular, estrecha en su base y alargada hacia el exterior, rasgos que contribuyen a las características acústicas del sonido. Es decir, no es un resoplido cualquiera: la anatomía está modificada para producirlo.

Tres silbidos, tres contextos

El trabajo de Nelson y Fraser, publicado en Behavioral Ecology and Sociobiology, se propuso averiguar para qué sirve el silbido. Encontraron que los machos adultos silban en tres situaciones sociales: durante encuentros agresivos con otros machos, durante el cortejo, donde distinguieron dos tipos de silbido, y durante la cópula.

Existe además el llamado silbido de perturbación, el que casi cualquier persona ha escuchado al tomar una de estas cucarachas. Lo producen individuos de ambos sexos y ninfas mayores cuando algo los toca o los sobresalta. Según esos mismos autores, un estímulo débil provoca un silbido aislado y uno fuerte puede desencadenar una serie de silbidos mientras el animal huye.

¿El silbido dice cuánto pesa el macho?

Los machos de esta especie establecen relaciones de dominancia y se enfrentan empujándose con las protuberancias del pronoto. En 1995, David C. Clark y Allen J. Moore, de la Universidad de Kentucky, publicaron en la revista Heredity un estudio sobre la genética de esa competencia. Encontraron que el macho dominante de cada pareja era significativamente más grande que el subordinado, y que los silbidos agonísticos se usan más para mantener las relaciones ya establecidas que para establecerlas.

El hallazgo más fino fue genético: la duración del silbido de pelea mostró una correlación genética positiva con el peso del macho. En otras palabras, el silbido contiene información sobre el tamaño del emisor, lo que lo convierte en una posible señal honesta, un concepto central en el estudio de la comunicación animal.

El silbido de alarma no parece espantar depredadores

Durante años se asumió que el silbido de perturbación era una defensa antidepredador: un sonido súbito que asusta al atacante. Un estudio de Robin Shotton, de la Universidad de Worcester, publicado en 2014 en Bioscience Horizons, lo puso a prueba enfrentando cucarachas a un escorpión emperador. El resultado fue contraintuitivo: la mediana de silbidos por encuentro con el depredador fue cero.

La autora propuso que el silbido de perturbación cumple sobre todo una función social, como advertencia ante el contacto indeseado con otras cucarachas de la colonia. Es un buen ejemplo de cómo una explicación intuitiva puede sobrevivir años sin que nadie la someta a un experimento directo.

La cucaracha que se acostumbra a una persona

El estudio más citado fuera de la entomología es de Hank Davis y Emily Heslop, de la Universidad de Guelph, publicado en 2004 en Behavioural Processes. Manipularon repetidamente a cucarachas silbadoras siempre con la misma persona, y diez de doce dejaron de silbar: se habituaron. Después las pasaron a las manos de alguien desconocido. Cuatro de esas diez volvieron a silbar de inmediato, y dejaron de hacerlo al regresar con la persona conocida.

Los autores lo presentaron con prudencia, como evidencia preliminar de que la "domesticación" de un insecto puede ser específica de una persona y no una respuesta general a los humanos. Es una muestra pequeña y el resultado no significa que la cucaracha "reconozca" a su dueño en sentido humano, pero sí que discrimina entre estímulos que asociamos con individuos distintos.

Lo que esta especie enseña sobre las cucarachas

La silbadora de Madagascar vive en un mundo sensorial y social mucho más rico de lo que sugiere su fama de mascota exótica: dominancia entre machos, cortejo con señales acústicas, habituación y respuestas diferenciadas según el contexto. Nada de eso la convierte en un riesgo doméstico; es una especie de hojarasca de bosque tropical que no infesta viviendas. Para quien combate cucarachas en casa, la lección es otra: el grupo es enormemente diverso, y el comportamiento de las pocas especies plaga es apenas una esquina de ese repertorio.

DE LA CIENCIA A TU DEPA

¿Tienes cucarachas en casa?

La biología es fascinante; tenerlas en tu cocina no. Si estás en Guadalajara o la ZMG, resolvemos tu caso con un protocolo claro.

Fuentes de este artículo

Cómo elaboramos y actualizamos el contenido ↗