Entre los insectos, comerse al compañero o una parte de él no es raro: la mantis hembra que devora al macho es el ejemplo de manual. Lo que no se conocía era un caso en que ambos miembros de la pareja se comieran algo del otro y siguieran juntos. Ese caso existe, y lo protagoniza una cucaracha que vive dentro de troncos podridos en los bosques de Okinawa.

Una cucaracha de la madera podrida

Salganea taiwanensis es una cucaracha que se alimenta de madera. Los adultos tienen alas, y según la bióloga Haruka Osaki y el biólogo evolutivo Nathan Lo, una vez que macho y hembra se emparejan excavan juntos una galería en la madera podrida, donde se aparean y crían a su descendencia. Osaki y Eiiti Kasuya describen su sistema de apareamiento como monogamia estricta: cada individuo copula con una sola pareja en toda su vida.

Ese estilo de vida recuerda al de Cryptocercus, la cucaracha de la madera emparentada con las termitas: familias estables dentro de un recurso que es a la vez alimento y refugio. Es un contexto en el que la cooperación entre macho y hembra tiene mucho sentido evolutivo.

El ritual: comerse las alas del otro

En 2021, Osaki, entonces en la Universidad de Kyushu, y Eiiti Kasuya publicaron en la revista Ethology la descripción cuantitativa de un comportamiento que ella había notado en campo: muchos adultos tenían las alas dañadas o ausentes, y el daño no se debía a depredadores. Dentro de las parejas, macho y hembra se comen las alas el uno al otro.

Según la cobertura de la revista Smithsonian, el equipo formó 24 parejas en laboratorio con cucarachas recolectadas en bosques de Okinawa y las grabó durante tres días; en 12 de ellas, ambos miembros se comieron por completo las alas del otro. Los autores señalaron que era el primer caso "mutuo" conocido dentro de los comportamientos de canibalismo sexual y alimentación nupcial, que hasta entonces se habían descrito siempre como unilaterales.

¿Por qué harían algo así?

Osaki y Kasuya propusieron una hipótesis basada en la monogamia estricta de la especie: si cada individuo copula con una sola pareja en toda su vida, el éxito reproductivo del compañero es el propio, y la pareja queda libre de conflicto sexual. Si comerse las alas aumenta la capacidad del otro para criar a la descendencia, el comportamiento beneficia tanto a quien come como a quien pierde las alas.

Sobre el mecanismo concreto hay varias ideas y ninguna demostrada. La cobertura periodística recogió que perder las alas podría facilitar el movimiento dentro de galerías estrechas o eliminar ácaros y moho que podrían pasar a las crías. Sobre el valor nutritivo de las alas, las versiones no coinciden: la nota del Smithsonian de 2021 reporta que el estudio no las consideraba nutritivas, mientras que en 2026 Nathan Lo las describió ante NPR como una fuente de proteína. Es un punto abierto.

2026: la primera prueba experimental de un vínculo de pareja en un invertebrado

En marzo de 2026, Osaki, Kikuchi y Nathan Lo, de la Universidad de Sídney, publicaron en Royal Society Open Science un experimento sencillo y elegante. Colocaron en nidos artificiales parejas que ya se habían comido las alas y parejas que aún las conservaban, y luego introdujeron un intruso, macho o hembra.

Las parejas con alas toleraban al recién llegado sin agresión. Las parejas que habían completado el ritual, en cambio, atacaban de forma consistente al intruso de cualquier sexo, nunca a su propia pareja, y nunca la sustituían. Los autores lo presentan como la primera demostración experimental de agresión selectiva como componente de una asociación social selectiva en un invertebrado.

Lo que todavía no se sabe

Los propios autores fueron cautos. Lo señaló a NPR que las parejas que se comieron las alas habían pasado 24 horas más juntas antes del experimento que las parejas de control, y que no saben cuánto influye eso, por lo que planean más experimentos. Jessica Ware, curadora de zoología de invertebrados del Museo Americano de Historia Natural, que no participó en el estudio, consideró que la evidencia es sólida y sugirió que comer las alas podría aportar información química para reconocer a la pareja, una hipótesis por comprobar.

Por qué importa

Salganea obliga a revisar una idea arraigada: que la vida social compleja, el reconocimiento individual y el vínculo de pareja son cosa de aves y mamíferos. Una cucaracha con un cerebro diminuto muestra conductas que, sin exagerar la analogía, cumplen funciones parecidas. Como dijo Ware a NPR, solemos pensar que los animales que nos desagradan son menos interesantes, y no es así. Nada de esto cambia cómo se controla una plaga en casa, pero sí cómo entendemos al grupo de insectos del que proviene.

DE LA CIENCIA A TU DEPA

¿Tienes cucarachas en casa?

La biología es fascinante; tenerlas en tu cocina no. Si estás en Guadalajara o la ZMG, resolvemos tu caso con un protocolo claro.

Fuentes de este artículo

Cómo elaboramos y actualizamos el contenido ↗