Pocas historias de insectos se difundieron tan rápido como la de la cucaracha luminosa de Ecuador. Tenía todos los ingredientes: una especie nueva, luz propia, un caso inédito de mimetismo y la posibilidad de que ya estuviera extinta por la erupción de un volcán. Más de una década después, la evidencia acumulada apunta en otra dirección. El caso vale la pena contarlo completo, porque ilustra muy bien cómo funciona la ciencia cuando una afirmación extraordinaria no llega acompañada de pruebas a la altura.

El anuncio de 2012

En agosto de 2012, Peter Vršanský, del Instituto Geológico de la Academia Eslovaca de Ciencias, y sus colegas publicaron en la revista Naturwissenschaften un trabajo titulado, en traducción libre, "Cucarachas que imitan la luz indican un origen terciario de la luminiscencia terrestre reciente". En él describían una nueva especie, Lucihormetica luckae, y presentaban la distribución geográfica de 13 especies de cucarachas que consideraban luminiscentes, basándose en ejemplares depositados en colecciones.

Su tesis central era llamativa: las características de la luz de tres de esas especies serían casi idénticas a las de los escarabajos luminosos tóxicos del grupo de los elatéridos, de modo que las cucarachas los estarían imitando. Lo presentaron como evidencia de un tipo nuevo de mimetismo defensivo, mimetismo mediante la luz.

Un ejemplar de museo de 1939

Un detalle que la cobertura periodística mencionó, pero que pasó a segundo plano, es de qué material partía la descripción. Según National Geographic, el estudio se basó en un único ejemplar recolectado en 1939 y conservado en el Museo Nacional de Historia Natural del Smithsonian, en Washington, procedente de selvas cercanas al volcán Tungurahua, en Ecuador. El registro de la especie en el Cockroach Species File confirma que el holotipo está depositado en esa institución.

La hipótesis de que la especie podría estar extinta se apoyaba en la actividad del Tungurahua, cuyas erupciones afectaron la región. Es decir, una especie descrita a partir de un solo ejemplar de hace más de siete décadas, cuya luz no podía observarse en un animal vivo de esa misma especie.

La crítica: ¿dónde está la luz?

En 2013, David Merritt, de la Universidad de Queensland, publicó en la misma revista un comentario titulado "Estándares de evidencia para la bioluminiscencia en cucarachas". Su argumento, en esencia, era que el trabajo original no ofrecía evidencia directa de que estas cucarachas emitieran luz. Entre los puntos señalados en el debate estaban la dependencia de una sola referencia anecdótica previa sobre cucarachas luminosas, la falta de diferencias claras entre los espectros de fluorescencia de las "linternas" y los del resto del cuerpo, y la ausencia de luminiscencia en las ninfas criadas en cultivo.

Vršanský y Dušan Chorvát respondieron ese mismo año con datos de imagen de tiempo de vida de fluorescencia. Pero fluorescencia y bioluminiscencia no son lo mismo: la primera es la reemisión de luz que el material absorbió previamente, algo que hacen muchas cutículas de artrópodos bajo luz ultravioleta; la segunda es la producción de luz mediante una reacción química propia, típicamente entre una luciferina y una luciferasa.

La revisión de 2025: las manchas no brillan

En marzo de 2025, Yuichi Oba, de la Universidad de Chubu en Japón, y Victor Benno Meyer-Rochow, de la Universidad de Oulu en Finlandia, publicaron en Arthropod Structure and Development un trabajo cuyo título ya resume la situación: "Una especie supuestamente bioluminiscente de cucaracha que no brillaba: ¿un caso de fraude científico, observación errónea o infección bacteriana?".

Los autores recuerdan que los reportes de cucarachas luminosas sudamericanas datan de 1999 y 2003, que nunca se publicaron datos de espectro de emisión ni análisis bioquímicos de luciferinas o luciferasas, y que las observaciones y grabaciones en video de estas cucarachas no registraron emisión de luz. Su propia reexaminación confirmó que las manchas del pronoto no emiten luz.

La hipótesis bacteriana

Oba y Meyer-Rochow no acusan a nadie de fraude; plantean las alternativas posibles. Descartando el fraude o la confusión entre fluorescencia y bioluminiscencia, proponen que algunos individuos en campo pudieron verse brillar por una infección con bacterias del género Photorhabdus, patógenos luminosos de insectos distribuidos por todo el mundo. Para probar que es plausible, demostraron en laboratorio que Photorhabdus luminescens puede colonizar a la cucaracha Blaptica dubia, la misma que se cría como alimento para reptiles.

Sobre la función real de las llamativas manchas de los machos de Lucihormetica, la literatura que revisan sugiere que podrían intervenir en la elección de pareja o servir como señal de advertencia, sin necesidad de producir luz.

Lo que el caso enseña

Conviene ser precisos: hasta donde pudimos verificar en PubMed, el artículo de 2012 no ha sido retractado formalmente. Lo que ocurrió es algo más común y más sano: una afirmación extraordinaria fue cuestionada, sus autores respondieron, y trabajos posteriores con nuevos datos no encontraron la luz que se había descrito. Hoy, el peso de la evidencia indica que no existe ninguna cucaracha con bioluminiscencia demostrada.

Para el lector, la lección práctica es desconfiar de las listas de "datos increíbles" que repiten la cucaracha que brilla como un hecho. El brillo que muestran algunas fotos virales suele ser fluorescencia bajo luz ultravioleta, un fenómeno real pero muy distinto de producir luz propia.

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Fuentes de este artículo

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