Las cuevas son uno de los laboratorios naturales favoritos de la biología evolutiva: oscuridad total, temperatura estable, poca comida. Las cucarachas colonizaron ese ambiente muchas veces y con grados muy distintos de compromiso. Algunas entran por accidente, otras viven en el guano de los murciélagos sin haber cambiado nada de su aspecto, y unas pocas se transformaron hasta el punto de no poder vivir fuera de la roca.

Cuatro maneras de vivir en una cueva

Louis M. Roth y Edwin R. Willis, en su monografía de 1960 para el Smithsonian sobre las asociaciones bióticas de las cucarachas, recogen una clasificación propuesta por el entomólogo Lucien Chopard. Distingue cuatro grupos: los trogloxenos, que aparecen en cuevas de manera esporádica, incluidas las especies domésticas; los troglófilos, que se encuentran habitualmente en cuevas; los guanobios, que viven en el guano de vertebrados cavernícolas; y los troglobios, que aparentemente no pueden vivir fuera de las cuevas y muestran adaptaciones muy marcadas.

Entre los géneros troglobios mencionados figuran Alluaudellina, Nocticola, Spelaeoblatta y Typhloblatta. Roth y Willis anotan también un dato curioso: incluso las cucarachas alemana, americana y oriental pueden haber acompañado al ser humano al interior de cuevas y haberse quedado ahí después de que se fue.

Nocticola: la especialista en oscuridad

Nocticola es un género de cucarachas pequeñas y escurridizas de los trópicos del Viejo Mundo, con especies que viven en cuevas, en la superficie bajo piedras o dentro de nidos de termitas. En 2017, Andrew Trotter y colegas describieron en Zootaxa tres especies nuevas de la región de Pilbara, en Australia Occidental, que viven en formaciones de roca fracturada y presentan distintos grados de troglomorfismo, el conjunto de rasgos típicos de la vida subterránea: reducción de ojos y alas, pérdida de pigmento, apéndices alargados.

El análisis genético de ese estudio mostró que las poblaciones de las especies más troglomórficas están aisladas reproductivamente a distancias muy cortas, mientras que la especie menos especializada mostró menos aislamiento dentro de las mismas formaciones. Es un patrón clásico en fauna de cuevas: cuanto más atada a la roca, menos se desplaza y más rápido diverge.

Una cucaracha sin su socia bacteriana

Nocticola guarda otra rareza. Casi todas las cucarachas estudiadas llevan dentro de células especiales una bacteria simbionte obligada, Blattabacterium cuenoti, que interviene en el reciclaje del nitrógeno. En 2007, Nathan Lo y colegas, de la Universidad de Sídney, publicaron en Biology Letters que no lograron detectar esa bacteria en ninguna de las especies de Nocticola que examinaron, resultado que confirmaron con microscopía del tejido graso.

Fueron las primeras cucarachas conocidas sin Blattabacterium. El mismo estudio confirmó con análisis genéticos que el linaje es filogenéticamente divergente respecto a las demás cucarachas. La pérdida de un simbionte tan antiguo plantea preguntas abiertas sobre cómo resuelven estas especies las funciones que la bacteria cumple en el resto del grupo.

Simandoa: la cucaracha de guano que no parece de cueva

En el otro extremo está Simandoa conserfariam, descrita en 2004 por Louis Roth y Piotr Naskrecki en el Journal of Orthoptera Research. Los ejemplares se recolectaron en noviembre de 2002, durante una evaluación biológica rápida de Conservation International en los montes Simandou de Guinea, en una cueva a 1,300 metros de altitud habitada por murciélagos frugívoros egipcios. El suelo estaba cubierto de guano que en algunos puntos superaba el metro de profundidad.

Las cucarachas eran abundantes y se agrupaban en conjuntos de 20 a 50 individuos de todas las edades, entre 5 y 30 centímetros dentro del guano. Pero los autores subrayaron que la especie no muestra ninguna característica de troglobio: conserva ojos, alas y pigmentación normales. Es una guanobia típica. Con un macho, tres hembras y varias ninfas se estableció un cultivo vivo en el Museo de Zoología Comparada de Harvard.

¿Extinta en la naturaleza? Lo que sí y lo que no se sabe

Simandoa se vende en el comercio de mascotas con el apodo de "cucaracha extinta en la naturaleza", con el argumento de que la minería de la región habría destruido su cueva. Conviene ser cautos: no localizamos una evaluación publicada de la especie en la Lista Roja de la UICN ni un estudio de campo que documente la destrucción de la cueva o la desaparición de la población. Lo que está documentado es que se conocía de una sola cueva, en una zona de interés minero, y que la especie sobrevive en cautiverio.

Es un caso típico en el que una etiqueta comercial atractiva se adelanta a la evidencia. La especie puede estar amenazada, pero afirmar que está extinta en su medio requeriría búsquedas que, hasta donde sabemos, no se han publicado.

Por qué importa

Las cucarachas de cueva muestran, en un mismo grupo de insectos, todo el gradiente entre la visita casual y la especialización extrema. También recuerdan que la cucaracha típica que imaginamos, café, rápida y omnívora, es solo una de muchas soluciones evolutivas. Para el control de plagas la relevancia es indirecta pero real: las especies domésticas que ocasionalmente aparecen en cuevas son trogloxenas, visitantes de paso, y su éxito depende de nosotros, no de la roca.

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