La mayoría de los problemas entre inquilinos y propietarios por cucarachas se originan en contratos que no dicen nada, o que dicen algo ambiguo como “el arrendatario se obliga a mantener el inmueble libre de plagas”. Revisar ese punto antes de firmar ahorra discusiones.

Lo que suele aparecer

En la práctica es común encontrar tres tipos de redacción: contratos que no mencionan plagas, contratos que obligan al inquilino a fumigar periódicamente y contratos que establecen que el inmueble se entrega fumigado. Cada una tiene consecuencias distintas si aparece un problema.

Ambigüedades a evitar

“Libre de plagas” sin definir quién hace qué ni cuándo. “Fumigar periódicamente” sin especificar frecuencia ni comprobante. Obligaciones que ponen toda la carga en el inquilino, incluso si la plaga viene de áreas comunes o de un defecto del inmueble.

Elementos de una cláusula clara

Una cláusula útil suele incluir: estado del inmueble al entregarse (idealmente con constancia de servicio reciente), quién se encarga del control preventivo y con qué frecuencia, cómo se reporta un problema, quién paga si el origen está en el inmueble, en áreas comunes o en el uso del inquilino, y qué documento acredita cada servicio.

Esto no es un modelo legal. Si vas a redactar o modificar un contrato, consulta a un abogado.

Contratos de adhesión

Si rentas a través de una inmobiliaria que usa contratos tipo, esos contratos pueden estar sujetos a la regulación de protección al consumidor. PROFECO mantiene un registro de contratos de adhesión que puedes consultar, y su guía sobre el proceso para rentar vivienda recomienda revisar con cuidado las condiciones antes de firmar.

Negociar

Proponer cambios es normal. Un propietario razonable suele aceptar aclarar responsabilidades. Si el contrato ya está firmado y no dice nada, conserva todas las comunicaciones por escrito. En Depas AntiCucas entregamos constancias de servicio que pueden servir como comprobante para lo que acuerden.

DE LA CIENCIA A TU DEPA

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Fuentes de este artículo

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